Lo que yo sé

Siempre me pareció correcto compartir algunas ideas que tengo en mente... tanto buenas como malas. La cuestión aquí es como lo tomarán algunas personas... Si no les gusta, busquen otro blog que yo no me molesto, solo digo lo que aprendí hasta ahora. Tanto sobre la música, el cine, las culturas, los idiomas y sobre todo... obviamente "sexo".
Algunos dirán en que estuve pensando para escribir sobre ello, pero bueno, es lo que aprendí con ello. Además de algunos comportamientos tanto en los hombres como en las mujeres que no quieren decir, o que dicen pero algunos no queremos enterarnos, entonces somos sordos voluntarios. Escuchamos solo lo que queremos oír, y decimos solo lo que queremos decir. Pues bien, yo tengo mucho por decir... tanto de ellos como de nosotras.
Leer con atención.

26 mayo, 2012

LOS NUEVOS MANDAMIENTOS


SÉ TÚ MISMO
Sé una persona de esas que tienen un claro conocimiento de quiénes son, que tienen criterios e ideas propias, que saben defender sus posturas con asertividad pero sin fanatismo ni testarudez, que son capaces de darse cuenta de sus errores, si los tienen, y no cambian de personalidad dependiendo de con quién estén.
ADÁPTATE
Practica la empatía; renuévate, no te niegues la posibilidad de crecer y aprende a sobrevivir en cualquier circunstancia; cambia lo que veas que tienes que cambiar sin miedo. Lo nuevo puede ser enriquecedor. No te opongas frontalmente, sé astuto y adáptate sin renunciar a ti.
TEN UNA BUENA AUTOESTIMA
Siéntete bien contigo, alégrate de los momentos en que puedes estar contigo a solas; valórate con justicia, revisa el concepto que tienes de ti y actualízalo; confía en tus capacidades, y aprende cuanto sea necesario para mejorar como persona; procura desarrollar tu inteligencia; valórate por lo que eres más que por lo que tienes.
SÉ RESPONSABLE
Responsabilízate de todos tus actos, de todos tus pensamientos, de tu vida. Ten una vida responsable que te pertenezca y que vaya por el camino que tú deseas que vaya. Sé responsable de tus estados de ánimo, de tu humor, de tu serenidad, de tus palabras y de tus silencios.
BÚSCATE
Nunca termina el encuentro con la totalidad de uno mismo… hay tantos matices… Pero el Proceso es una delicia; cada descubrimiento aporta una sensación de paz y de acercamiento a lo que se intuye como el conjunto perfecto, que anima a seguir a pesar de las dificultades que van apareciendo y de los momentos difíciles.
APRENDE A DECIR “NO”
No permitas que te roben tu tiempo ni tu energía los sinvergüenzas, los iracundos, los encolerizados, los negativos, los crueles, los agresivos, los inhumanos, los tiranos, los aprovechados, los falsos, los que te menosprecian… todos aquellos que te dejan una desagradable sensación cuando están a tu lado.
SÉ TU MEJOR AMIGO
Si consigues ser tu amigo, serás un buen amigo para los otros. Si tú te aceptas como eres, los otros te aceptarán. Sé comprensivo contigo, y empático, y perdónate todo aquello que tengas que perdonarte. Busca tu equilibrio, tu sinceridad, eso tan bello que guardas dentro de ti. Apréciate por cómo eres. Elimina esos pensamientos por los que te encuentras despreciable o poco interesante: eres un ser humano en proceso de perfeccionamiento. Y este es un buen motivo para amarte sin condiciones.
CUÍDATE
Nadie ha estado a tu lado desde que naciste, ni estará contigo en el momento de tu muerte, salvo tú. La responsabilidad de ti es tuya. Y de nadie más. No es que no tengas que encargarle a otro esta tarea, sino que es una maravilla que puedas ser tú, precisamente, quien te cuide, quien te mime, quien te aporte caricias y buenos deseos. Cárgate de optimismo y vitalidad, por si llegan momentos duros. No permitas que los otros te agredan, verbal o moralmente; ten la suficiente fortaleza para no depender de ellos. Sólo tú seguirás contigo, pase lo que pase.
VIVE EL INSTANTE
Disfruta cada instante, cada momento, cada respiración, cada amanecer, cada música, cada emoción… la vida está llena de instantes, y los instantes cargados de sensaciones. No pierdas ni uno sólo de ellos. Estás aquí para vivir, y no para otra cosa. Disfruta. Sé alegre. Sé consciente. Encuentra la alegría en la vida y en lo cotidiano. Los instantes menos buenos, vívelos también con plenitud: son tuyos, te pertenecen, aprende de ellos, o haz con ellos lo que creas conveniente: pero sé consciente de ellos. Los instantes son irrepetibles e irrecuperables, no lo olvides.
SÉ AMABLE
“Amable”, quiere decir “digno de ser amado”. Es una bellísima expresión. Sé amable. Pórtate de tal modo que puedas ser digno de ser amado.
También es muy importante ser afable, educado, entrañable, próximo, cordial, empático, y muy humano. Trata bien a la gente con la que tengas que tratar, sé buena persona, y sé sociable con las personas y cariñoso con los seres queridos.
ACEPTA LO QUE ES Y LO QUE HAY
El mundo no va a cambiar para ti, pero tú puedes cambiar la visión que tienes del mundo, y puedes aceptar las cosas que son y lo que hay. Son la realidad, aunque no te guste. Luchar contra ello es una batalla perdida de antemano. La utopía no pasa de ser utopía. Céntrate en las soluciones y no en lo que te parezcan problemas. Si no aceptas que estás despeinado, no te peinarás. Si no aceptas lo que es y lo que hay, no podrás cambiarlo.
SÉ BUENO
Que tu máxima aspiración sea ser una buena persona y una persona buena. El resto de cualidades quedan enmascaradas tras estas. Practica la bondad, potencia lo mejor de ti, sé correcto en tus acciones y justo en tus opiniones, estudia tu espiritualidad, interésate por los otros y por sus problemas. Haz el bien.

Estos doce mandamientos se resumen en uno: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (no sé por qué me parece que esto lo he copiado de alguna parte…), y esto ya sabes lo que quiere decir, que amarás a los otros en la misma cantidad y con la misma intensidad que te ames a ti. Y viceversa.


ALEGRE DE ESTAR TRISTE

No sé por qué la tristeza está tan mal vista…
Siempre queremos salir de ella, o los demás se empeñan en sacarnos.
La detestamos, la despreciamos, y no parece un buen sitio en el que pasar una temporada larga.
Es una gran desconocida.
No estamos acostumbrados a propiciar ese estado, en el cual podemos contactar con la calma en la que se produce la reflexión serena y el contacto más íntimo con el interior.
Curiosamente, la tristeza nos predispone para ello propiciando un estado de mayor sensibilidad y de alejamiento del ruido y la vorágine de la vida. La tristeza nos recoge en nosotros mismos, y nos contacta con un estado inhabitual que puede ser de una riqueza inconmensurable. Nos saca del mundo, de lo cotidiano, de la urgencia y la vida sin consciencia. Nos propone parar, pararnos, adentrarnos en la parte de nosotros que no está de acuerdo con lo que está pasando, y se siente “triste”.
Conviene distinguir entre dos tipos básicos de tristeza.
Una es la que no aporta nada positivo y sólo nos sumerge en un estado afligido, apesadumbrado, funesto, deplorable, y doloroso, que nos puede conducir casi irremediablemente a una depresión. Conviene controlar que la tristeza no se convierta en un estado habitual continuo. Si sucede así, hay que poner inmediato remedio porque puede ser que esté dejando de ser tristeza para convertirse en algo grave.
La otra cara es más amable: es esa en la que sólo corresponde a una melancolía inocente, amigable, donde uno se siente pequeño –pero no le parece mal del todo-, separado del resto del mundo –y eso le hace tomar más consciencia de sí mismo-, coquetea con las lágrimas, algunos pensamientos desanimados insisten en permanecer, y uno sabe que siente o quiere algo pero no sabe identificarlo.
En esta sociedad está mal vista, porque se prima más la alegría, el bienestar –aunque sólo sea aparente-, y vivir en un rol de fingido triunfador.
La tristeza es de los débiles o los desgraciados, se dice; los triunfadores pertenecen al arquetipo masculino, el fuerte, el agresivo, y la tristeza se integra en el arquetipo femenino, que no es el adecuado para sobrevivir.
La tristeza deja que se asome una parte nuestra que es un poco vulnerable, y nos convierte en débiles y desprotegidos, aparentemente. (Por eso tratamos de evitarla, por eso ocultamos los sentimientos de tristeza y casi llegamos a anular esa emoción).
Pero esa es la representación exterior. En la parte positiva, lo que hace es reconectarnos casi directamente con un estado que tiene una sensibilidad especial que aporta un modo de sentir que tiene unas características propias. Nos hace darnos cuenta de cosas y sensaciones que de otro modo pasarían inadvertidas.
La tristeza es la otra cara de la felicidad, y es una de las emociones básicas y útiles para el ser humano. Con la tristeza, inconscientemente, estamos pidiendo ayuda.
Si la tristeza proviene de una pérdida, que es lo habitual, nos lleva a darnos cuenta del valor de las cosas que podemos perder, de los seres queridos. Nos propone plantearnos el significado de la pérdida; nos lleva sin darnos cuenta a hacer un balance de nuestra vida –lo que pasa es que no es muy adecuado sacar conclusiones en ese estado porque desde la tristeza todo adquiere un tono muy gris y desangelado-; tendemos a hacer un balance de nuestras metas, nuestros errores, nuestra situación… nos invita y nos ayuda a conocernos.
Ante las pérdidas, funciona como un mecanismo que nos plantea y facilita nuestra propia reconstrucción. Necesitamos parar, tener poca actividad, y reflexionar, por eso se nos quitan las ganas de hacer cosas, nos sentimos cansados y abatidos, no tenemos fuerzas ni apetito, adoptamos posturas de recogimiento y autoprotección, y las ganas de llorar insisten una y otra vez hasta que lo logran.
Es habitual que en esos momentos sintamos soledad, añoranzas, ira, culpabilidad, reproches…
La recomendación es no huir de la ella, sino permitirle que aflore y nos muestre lo que nos quiere enseñar, y nos hable de esa parte de nosotros mismos con la contactamos poco.
POSIBLES SOLUCIONES:
Aceptar la realidad de la pérdida.
Permitirse sentir el dolor y la tristeza, hasta que se extinga.
Buscar a las personas queridas que nos puedan escuchar y comprender.
Aceptar que se manifiesten al mismo tiempo la rabia o la culpa, pero no juzgarse y castigarse por ello.
Readaptarnos a la nueva situación. Seguir adelante a pesar del motivo que nos produjo la tristeza.
Darnos el tiempo necesario para salir de un modo natural.
Y si se alarga y no se le ve salida, la ayuda de un psicólogo o psiquiatra. Sin pudor. Hay que dar prioridad a estar bien.